Comentarios de Evangelio

8 de febrero de 2026
V Domingo del Tiempo Ordinario - A
(Is 58, 7-10 ; 1 Co 2, 1-5 ; Mt 5, 13-16)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Enero (Ciclo A)

4 de enero - Epifania del Señor

11 de enero - Bautismo del Señor

18 de enero - II Domingo del T.O.

25 de enero - III Domingo del T.O.

Febrero (Ciclo A)

1 de febrero - IV Domingo del T.O.

8 de febrero - V Domingo del T.O.

15 de febrero - VI Domingo del T.O.

22 de febrero - I Domingo de Cuaresma

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

8 de febrero

Señor Jesús, cuando escucho tu palabra
que nos dice que debemos ser sal y luz,
lo primero que pienso es que exageras
o que nos das una responsabilidad
que yo jamás cumpliré totalmente.
Reflexionando más, me doy cuenta
de que, con estas palabras, muestras
con qué dignidad me tratas,
porque me invitas a ser y actuar como tú,
nos consideras a todos como hermanos
y compartes con nosotros la misión
que recibiste de tu Padre y nuestro Padre.
Estas palabras me invitan también
a agradecer por las personas que,

 

a lo largo de los siglos, han sido y son aun
sal, luz y punto de referencia
para cuantos buscamos el sentido de la vida.
Tú, Señor Jesús, y tu madre María
presidís esta lista familiar.
Por eso hoy te pido
que no tengamos miedo de manifestar
la alegría de ser tus seguidores
y de querer vivir guiados por tu luz.
Ayudando a las personas a encontrarte a ti
y a descubrir la belleza de tener un Padre.
Haznos ver nuestros errores
cada vez que nos separamos de tu camino
y no somos totalmente fieles a tu Evangelio

Ciclo A

Vosotros sois la sal de la tierra.


Jesús da a conocer, con imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de nosotros. Nos mira con los ojos de Dios y nos dice que somos la sal de la tierra, llamados a dar sabor a la vida y a ayudar a muchos a saborearla. El plural sois, (no debéis ser), recuerda la misión de las comunidades, su identidad más profunda, a pesar de su pequeñez, de la persecución. “Ser, no como resultado de un esfuerzo y de una elección (como sería en el moralismo individualista), sino por haber sido generado y elegido” (María Zambrano).
Sal. Uno de los productos más simples. Sus propiedades: dar sabor y conservar los alimentos, defender del calor. Símbolo de la alianza de Dios con su pueblo, del pacto de los discípulos con Jesús. Los cristianos, como la sal, tienen un impacto en la realidad en la que viven. La sal actúa desde el anonimato. Cuando falta o hay demasiada entonces se nota. La sal, para salar, tiene que deshacerse. Jesús es sal que sazona nuestra vida.
De la tierra. La misión de la comunidad es fertilizar el mundo con el Evangelio de Jesús. El cristianismo es dinámico. Somos la sal de la tierra, llamados a contagiar las músicas escondidas de las bienaventuranzas en la vida de cada día. Jesús nos anima a influir positivamente en el mundo. En el contexto del Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible, proclamado por Naciones Unidas. Todo ser humano es de los nuestros.
Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sierve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Jesús se lo advierte a sus seguidores. Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús, el cristianismo se echa a perder. La Iglesia queda anulada. Los cristianos están de sobra en la sociedad.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Nos acercamos a Jesús que es luz y siembra claridades. Somos la luz si estamos con Jesús. Lo que ilumina y lo que mantiene en nosotros la luz de Jesús es la oración interior, la comunión con él. De tanto mirar al que es la Luz, quedamos iluminados para mirar con su mirada. El plural sois apela a la comunidad, llamada a ser inspiradora.
La luz es la primera obra de la creación y se la identifica con Dios. Puesta en el lugar correcto permite apreciar los espacios, evitar tropiezos, pero sobre todo reconocer el rostro del otro. La comunidad de Jesús es iluminadora, como un faro para los barcos.
Del mundo. La luz fue hecha para iluminar, por eso no admite estar escondida. Una comunidad que no sea misionera no tiene sentido. La comunidad de los “bienaventurados”, el nuevo pueblo de Dios, no agota su finalidad en sí misma, sino que es una fuente de esperanza: esperanza del mundo nuevo inaugurado por Jesús. Jesús sí que es para nosotros cirio encendido, que se quema para iluminar. Somos la luz cuando partimos el pan. Somos la luz cuando hospedamos a los pobres sin techo. Somos la luz cuando vestimos al desnudo de toda dignidad. Somos la luz del mundo cuando hacemos más feliz la vida de los que nos rodean. Somos la luz cuando damos esperanza.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos. Vuestras buenas obras. Bellísimo itinerario de la vida, que Dios comienza en el corazón y culmina en la glorificación a Dios. La luz y la sal no existen para sí, brillan no tanto con las palabras o discursos sino con las buenas obras, obras en relación con el prójimo, en el mundo. El compromiso con los pobres, con la paz, con la justicia no debe quedar escondido, todo es para dar sabor y alegría a la vida.  El ser y el hacer van de la mano, preparan el examen de amor al atardecer de la vida. Ofrecemos al mundo un testimonio de esperanza. Unimos Evangelio y cultura. Nuestra misión es arrancarle al mundo alabanzas al Padre.

Feliz semana.
Un abrazo, mi oración y mucha salud. Antón

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Lectura orante del Evangelio: Mt 5, 13-16

El Señor os dice: vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo… El mundo necesita mensajes de esperanza.
Vosotros sois la esperanza 
(Papa León a los jóvenes)

José Antonio Nieto (España)

Vosotros sois la sal de la tierra. 
Jesús da a conocer, con imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de nosotros Nos mira con los ojos de Dios y nos dice: ‘Vosotros sois discípulos misioneros’. ¡Qué hermosa manera de llamarnos! Somos la sal de la tierra, llamados a dar sabor a la vida y a ayudar a muchos a saborearla. Somos la sal de la tierra, la sal que actúa desde el anonimato, sal que sazona la vida. Somos la sal de la tierra, llamados a contagiar las músicas escondidas de las bienaventuranzas en las cosas pequeñas de cada día. Somos la sal de la tierra, enviados a afrontar la apatía y la vulgaridad con creatividad y belleza, con gestos sencillos y palabras de verdad. ¿De dónde nos nace todo esto? Nos nace de Jesús, que trae una salvación sorprendente, más allá de todo lo esperado. Somos la sal para todos. Que no se nos desvirtúe esta identidad. 
Ven, Espíritu Santo. Danos tu sabiduría para encontrar el sabor de la vida que el Padre nos regala.

Vosotros sois la luz del mundo. 
Nos acercamos a Jesús que es luz y siembra claridades en nuestro corazón. Somos la luz si estamos con Jesús. Lo que ilumina y lo que mantiene en nosotros la luz de Jesús es la oración interior, la comunión con él; ahí recibimos el coraje para la misión. De tanto mirar al que es la Luz, quedamos iluminados para mirarlo todo con su mirada. La luz es para darla, no sirve si se esconde. Si nos aislamos del mundo, nuestra luz se pierde. Salir e iluminar, ir al encuentro, esta es la tarea. “Hemos de salir hacia las periferias existenciales”, insistía el papa

Francisco. Somos la luz cuando partimos el pan con los que tienen hambre. Somos la luz cuando hacemos de nuestras manos, MANOS UNIDAS para hacer la guerra al hambre. Somos la luz cuando participamos en voluntariado para bien de muchos. Somos la luz del mundo cuando hacemos más feliz la vida de los que nos rodean. Somos la luz cuando damos esperanza. 
Gracias, Jesús, por tantas personas que nos han iluminado con su vida. Con su luz puesta sobre el candelero han vencido nuestros miedos a la noche, han sido nuestro faro en las tormentas.  

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
¡Qué bello itinerario de vida que comienza en el corazón y culmina en la glorificación a Dios! La vida nueva de las bienaventuranzas tiene que verse en la historia. Esta capacidad de generar vida nunca se agota si nos acercamos a beber del hontanar de Jesús. El compromiso con los pobres no puede quedar escondido. El ser y el hacer van de la mano, preparan el examen de amor al atardecer de la vida. Ofrecemos al mundo un testimonio de esperanza. Unimos Evangelio y cultura. Nuestra misión es arrancarle al mundo alabanzas al Padre. 
Desnudos de todo poder, revístenos, Padre, de Jesús, para mirarlo todo con su bondad. 

Buen domingo del Señor.
Un abrazo, mi oración y mucha salud. Antón

http://www.cipecar.org/

EVANGELIO DÍA A DÍA

Lunes 9 de febrero.    
“Cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas” (Mc 6,55) .
El encuentro de Jesús con los enfermos refleja el estilo de actuar de un Dios acogedor y sanador, que se interesa por lo más débil. Muchos marginados encuentran la vida en el proyecto que propone Jesús. Pon ante Jesús tus debilidades. El alfarero, con tu barro, puede hacer una vasija nueva. 
Si quieres hacer de mi barro un vaso para que puedan beber en él los hermanos/as ¡bendito seas!  

Martes, 10 de febrero  
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7,6)  
¡Qué lejos están a veces las palabras del corazón! Convendría callar, mientras nace una palabra nueva. Para que haya fuentes en el desierto tiene que haber pozos escondidos en la montaña. A Dios le agrada más tu verdad aunque sea pobre, que tu mentira aunque sea brillante. 
¿Cuándo aprenderé a huir de las aguas estancadas, y a beber de tu manantial?  

Miércoles, 11 de febrero  
“Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre” (Mc 7, 16)  
Nada externo puede separar al ser humano de Dios. La conducta injusta con los demás, el egoísmo, la ambición, es lo que mancha y deteriora las relaciones humanas. No fomentes rencores, que empañan tu confianza, favorece el diálogo, donde cada persona pueda expresar su verdad. Regala humanidad para que todos/as puedan respirar el aire nuevo del Espíritu. 
Tu Amor, Dios mío, habita mi corazón. Tu Amor, Dios mío, me hace hermano/a Tu Amor, Dios mío, me lleva a cuidad todo lo creado  

Jueves, 12 de febrero  
«Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija» “Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido” (Mc 7, 29-30).

El poder del mal no respeta fronteras, ni edades, ni culturas. En cada pueblo, en cada ciudad, en cada rincón, hay hombres y mujeres que sufren en silencio. La fe persistente de una mujer pagana impulsa a Jesús a derramar su ternura con los pequeños, con los que sufren, con los que están en las orillas de la vida.

Acude a Jesús y pídele repetidas veces que cure tus heridas, tus penas, tus dolencias. Preséntale también el dolor de quienes sufren en silencio y han perdido la esperanza.

Viernes, 13 de febrero 
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7,37).  
Jesús recorre los caminos anunciando el Reino de Dios. Lucha contra el mal y el sufrimiento humano, se compadece de todos los que están aquejados de dolencias, enfermedades, limitaciones. Nada humano le es ajeno. Jesús rompe la sordera, abre los oídos para que la persona pueda escuchar la vida, la dignidad de hijo/a de Dios, el cariño del Padre, que nos hace hermanos/as. 

Que la Palabra de Jesús ”Effetá”, “Ábrete”, despierte en ti la alabanza y te ponga en camino de Reino  

Sábado, 14 de febrero
SANTOS CIRILO, monje, Y METODIO, obispo, patronos de Europa
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! (Lc 10,2.3).
Jesús envía a los discípulos a la misión con una tarea: prepararle el camino, dar testimonio de él y anunciar la buena nueva del reinado de Dios. Lleva en tu corazón la paz de Jesús y no dejes que las dificultades y hostilidades de la vida apaguen tu gran deseo de seguir a Jesús.

Envíame, Señor. Llévame dónde Tú quieras, por dónde Tú quieras, y cuándo tú quieras. Estoy en tus Manos.