Comentarios de Evangelio

15 de marzo de 2026
IV Domingo de Cuaresma - A
(1 S 16, 1b.6-7.10-13a; Sal 22 (23); Eph. 5,8-14; Jn 9,1-41)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Febrero (Ciclo A)

1 de febrero - IV Domingo del T.O.

8 de febrero - V Domingo del T.O.

15 de febrero - VI Domingo del T.O.

22 de febrero- I Domingo de Cuaresma

Marzo (Ciclo A)

1 de Marzo - II Domingo de Cuaresma

8 de Marzo - III Domingo de Cuaresma

15 de Marzo - IV Domingo de Cuaresma

22 de Marzo - V Domingo de Cuaresma

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

15 de marzo

Te damos gracias, Señor Jesús,
porque has pasado entre nosotros
y estas presente en el mundo como luz,
libertándonos de nuestra ceguera
con tu vida y con el don del Espíritu.
Te damos gracias porque tu vida
es total mente transparente y no escondes nada
ni de tu persona ni del Padre.
Ayúdanos, Señor, a saber mirar
a cada ser humano y a nuestro mundo
con tus propios ojos, que son también
los ojos amorosos y misericordiosos del Padre.
Ayúdanos a ver en cada persona a un hermano
llamado a descubrir tu luz,

 

a recorrer con coraje el camino de la fe
y a vencer las sombras que hay en nosotros.
No nos dejes caer en la miopía o ceguera
de apreciar solo las cosas superficiales:
la apariencia de las personas, su dinero
o las imágenes maquilladas que nos hacemos.
Haz que nos dejemos llenar de tu Espíritu
para que sepamos apreciar el valor y la vocación
que cada persona ha recibido del Padre:
de ser semejantes a ti,
el primero y más emblemático
de todos los hermanos y hermanas
de la gran familia humana
a quien el Padre ama como hijos.

Ciclo A

 


Domingo de la “Luz”, y también de la “Alegría”. En la bella tradición de la liturgia cristiana a este domingo se le llama: “Laetare”.

Es un relato sabroso, profundo y desafiante. Con tres personajes principales: Jesús, el ciego de nacimiento y los fariseos. Nos ayuda a abrir los ojos y a comprender mejor nuestra vida bautismal. 

Del gesto de Jesús que la da la vista al ciego se pasa a la identidad del milagro para terminar concen-trándose en la persona de Jesús. Aparentemente el problema es una obra realizada en sábado, pero en la práctica lo que inquieta es: ¿Quién es Jesús? Sorprendente: aquél que se reconocía ciego accede a la luz, los que creían poseer la luz se convierten en ciegos.

¿A quién estoy tratando como culpable para no acercarme?

¿Qué tipo de ceguera se me ha pegado sin darme cuenta? El ciego de nacimiento hizo un proceso.¿Cuál es tu proceso de fe? ¿Qué pasos has dado? ¿En qué punto te encuentras? ¿Descubres el actuar salvífico de Dios en tu vida?

ORACIÓN. ORAR LA PALABRA
Dadnos, Señor, luz; mirad que es más menester que al ciego que lo era de nacimiento, que este deseaba ver la luz y no podía. Ahora, Señor, no se quiere ver. ¡Oh, qué mal tan incurable! Aquí, Dios mío, se ha de mostrar vuestro poder, aquí vuestra misericordia. ¡Oh qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío!: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad (Santa Teresa).

FELIZ DOMINGO DE LA ALEGRÍA.
Un abrazo, mi oración y mucha salud. Antón

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Lectura orante del Evangelio: Jn 9,1-41

Que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche (San Juan de la Cruz)

José Antonio Nieto (España)

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Un ciego no ve, pero está, en la calle, a la vista de todos; grita, extiende la mano. Pasamos junto a él, como ante tantas personas que sufren exclusión, discriminación y miseria. Consideramos tan normal este paisaje que terminamos acostumbrando nuestro corazón a la indiferencia, “globalización de la indiferencia” (Papa Francisco). Hay luz en la fachada, pero tiniebla en el corazón. Jesús ve al ciego, se acerca a él con compasión y ternura, inicia un diálogo liberador. No acepta la opinión generalizada de que está así por su culpa. La presencia del ciego, los refugiados retenidos por alambradas, las víctimas de la injusticia y de la guerra… dejan al descubierto nuestra ceguera. Nosotros, si no los vemos, somos más ciegos que ellos: ‘Tienen ojos y no ven’. Comenzar la oración con esta humildad de saber que compartimos cegueras es andar en verdad, es fruto del Espíritu.
Jesús, ilumina nuestras oscuridades. Sé Tú nuestra luz, enciende nuestra noche.

‘Yo soy la luz del mundo’.
Jesús es alguien único, es una novedad inaudita, una presencia de bondad en medio de nuestro mundo. No sólo da la vista al ciego del camino, sino que este encuentro le da ocasión de desvelar su identidad: ‘soy la luz del mundo’. Jesús es luz encendida, puesta en medio para iluminar. No hay otra noticia más fascinante que esta. Jesús es luz, su amor es más grande que todos nuestros pecados. Nuestra muerte es vencida por su presencia sanadora. Con Él nos viene una plenitud insospechada. Como curó al ciego con el barro y el agua, con el signo y la palabra, nos puede curar ahora a nosotros para que seamos hijos del Padre, que es luz de luz, y realicemos las obras del día. Dejemos que realice en nosotros una nueva creación.
Estamos ante ti, Jesús, como noche que espera la aurora. Tu mirar es amar: ésta es la verdad que sostiene nuestra fe. Eres nuestra luz y salvación.  

‘¿Crees tú en el Hijo del hombre?’
Un ciego en el camino, gritando, no era problema. Un ciego que ahora ve, gracias a Jesús, es una amenaza para la vieja mentalidad, incrédula. Un convertido a Jesús es un peligro, una persona liberada por Jesús resulta incómoda. ¡Cuánta resistencia a la hora de acoger la novedad! Unos tienen miedo, otros son incapaces de alegrarse con el triunfo de la vida, otros expulsan o marginan a quien camina en la verdad. ¿Y nosotros? ¡Cuánta ceguera disimulada en ojos que, sólo aparentemente, ven! ¿De qué sirve acaparar y presumir de fe, si no dejamos paso a la novedad de Jesús que libera? ¿Será verdad que no queremos ver? Sea como sea, Jesús no nos deja solos, nos hace la pregunta de la fe a cada uno/a: ‘¿crees tú?’ Y espera pacientemente que dejemos entrar su luz en nuestro corazón. ¿Qué haremos? Un ciego, que no conocía la luz, porque nunca la había visto, nos anima con su confianza, tan sencilla, a recorrer sin miedo el proceso de la fe. Frente a todos los miedos, frente a todos los prejuicios.
Espíritu Santo, guíanos hacia la fe, llévanos a Jesús.  

‘Creo, Señor’.
Jesús espera nuestra respuesta creyente. Los que están sufriendo en las orillas de los caminos, también, porque la fe en Jesús es siempre ternura y compasión hacia los que están marginados por los motivos que sean. El joven, radiante de alegría, confiesa abiertamente su fe. El que antes era ciego nos ofrece su testimonio y nos regala palabras nuevas para decir nuestra fe: ‘Creo, Señor’. A esta fascinante aventura nos empuja el Espíritu. Jesús nos ha abierto los ojos, nos ponemos ante Él, lo adoramos. Por haber gozado un instante de su luz, unimos nuestras fuerzas para solidarizarnos con los que sufren dramas infinitos, en Siria, por ejemplo, para incluir y no excluir.
Madre de los creyentes, danos tu fe.   

FELIZ DOMINGO DE LA ALEGRÍA

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EVANGELIO DÍA A DÍA

Lunes 9 de marzo
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo” (Lc 4, 24).
Las gentes de su pueblo querían controlar a Jesús, utilizarlo sólo para sus intereses nacionalistas. Jesús se abre paso y abre paso a la gracia, que es para todos. Y lo hace en la sinagoga. Y la esclavitud, impuesta por las explicaciones de siempre, queda rota por su enseñanza. Disponte a mirar bien a Jesús en tu corazón, y a dejar que hable con libertad en medio de tu vida.

Jesús queremos aprender de ti, a ser libres, sin ataduras que esclavizan. Libéranos. Así podremos ir por la vida liberando a todos los oprimidos.

Martes, 10 de marzo
«Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano» (Mt 18,35).
¡Qué tres palabras para rumiar por dentro: Perdonar, de corazón, al hermano.
Recuerda que el mundo actual se encuentra sacudido en las raíces por la violencia, por la intolerancia, por las migraciones y las crisis de valores, y está esperando una palabra de reconciliación. Únete a todos esos hombres y mujeres que inician cada jornada la tarea ardua y apasionante de la solidaridad, de la paz y el respeto a todos.

Abro mi vida a la misericordia entrañable del Padre. Él llena de paz mi corazón y lo dispone para el reencuentro y la reconciliación con el hermano.

Miércoles, 11 de marzo
“No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5,17)
Acoge al Espíritu que se manifiesta en plenitud en Jesús y de forma multicolor a lo largo y ancho del mundo. Únete a tantos hermanos y hermanas que confiesan que el único que les ha salvado siempre, una y mil veces, ha sido Jesús. Ofrece con tu creatividad un contraste a la rutina y a la injusticia. Pon ternura en el mundo.

Espíritu divino, vivifícanos, haznos permanecer fieles a la verdad, a la vida, al amor.

Jueves, 12 de marzo
“Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lc 11,20).
Contempla a Cristo que sigue actuando. Siempre se encuentra donde la gente sufre. Búscalo ahí. Contempla también el poder del demonio, que encierra a los hombres dentro de sí y los incapacita para la comunicación y el encuentro. La comunidad de Jesús tiene su casa allí donde hay opresión. Su tarea consiste en aportar liberación como el Espíritu le sugiera. Oramos para percibir la llegada del reino en los mil gestos de liberación que continúan la tarea de Jesús.
«Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad. Amén».

Viernes, 13 de marzo
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”… “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12,30-31).
Si quieres saber si recibiste el Espíritu pregunta a tu corazón si encuentras en él el amor a Dios y al hermano. No busques qué dar al Señor. Date a ti mismo. Dios es amor, y no puede más que darte su amor.  Camina con Cristo y canta con alegría. El que te pide que ames, va contigo, abriéndote el camino.
«Nuestra oración, hoy, es amar, amar sencilla y gratuitamente».

Sábado, 14 de marzo
«¡Oh, Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo» (Lc 18,11-12).
La falsa oración del fariseo solo muestra un ego muy grande, sin espacio para Dios por mucho que pronuncie su nombre. Exhibe su riqueza, tanta, que no necesita a Dios. Sin espacio para los demás. ¿Tiene corazón?
La oración del publicano muestra un corazón vacío de ego, abierto a la misericordia de Dios. Se sabe pecador, el más pobre de todos los hombres. El vacío del corazón humano solo Dios lo puede llenar, por eso espera en él.
Abrimos nuestras manos vacías ante ti, Señor de la vida. Mira nuestra fragilidad y pobreza. Ten misericordia y llénanos de ti. Ábrenos a los demás.