Comentarios de Evangelio

11 de enero de 2026
Bautismo del Señor - A
(Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3a.5-6; Mt 2, 1-12)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Diciembre (Ciclo A)

7 de diciembre - II Domingo de Adviento

14 de diciembre - III Domingo de Adviento

21 de diciembre - IV Domingo de Adviento

28 de diciembre - La santa Familia

Enero (Ciclo A)

4 de enero - Epifania del Señor

11 de enero - Bautismo del Señor

18 de enero - II Domingo del T.O.

25 de enero - III Domingo del T.O.

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

11 de enero

Dios y Padre de Jesucristo y nuestro,
te damos gracias porque el cielo está abierto:
la presencia de Jesús entre nosotros
es el mayor signo de que tu quieres ser
el gran Amigo y Padre de la humanidad.
Te damos gracias porque para ti
cada persona es una hija o hijo amado.
y porque, como ocurrió con Jesús,
el Espíritu llena nuestros corazones.
Por eso queremos pedir el coraje
de dejarnos guiar por tu Espíritu,
de ofrecerle espacio en nuestro corazón
para que pueda irnos transformando
y nos haga vivir como hijos tuyos,

 

mujeres y hombres capaces de hacer el bien. Que nos conceda luz y discernimiento
para que cada persona, cada comunidad
y la Iglesia entera sepa escoger los caminos
que conducen a la construcción de tu Reino
y sepa ofrecer a la gente de hoy
aquel testimonio de vida, bondad y paz
que Jesús ofrecía a todos.
Que el Espíritu nos ayude a ver claro
para no caer en aquellas actitudes
que nos perjudican a nosotros mismos
y perjudican a nuestros hermanos.
Que nos ayude a cultivar y hacer crecer
todo lo que es bueno, amable y justo.

Ciclo A

COMENZAR EL AÑO 2026 EN CLAVE DE PAZ.

Una reflexión orante desde el CIPE a la luz del Mensaje del Papa León XIV
para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026

Al comenzar este nuevo año 2026, queremos situarnos ante Dios con un corazón abierto y disponible. Lo hacemos acogiendo el saludo pascual del Resucitado:
«La paz esté con todos ustedes», una paz que no se impone, sino que se ofrece; una paz desarmada y desarmante, capaz de habitar lo más profundo de la persona y de la historia.

1. LA PAZ que quiere habitar en nosotros
La paz no es solo una meta lejana ni un ideal abstracto. La paz existe, quiere vivir en nosotros, iluminar nuestra inteligencia y ensanchar nuestro corazón. Tiene una fuerza suave y persistente que resiste a la violencia y, silenciosamente, la vence. Mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. Esta paz tiene el aliento de lo eterno y nos ha sido confiada por el Resucitado.
Comenzar el año desde la paz es aceptar ser centinelas de la noche, personas que, incluso en medio de conflictos y sombras, se niegan a dejarse contaminar por el miedo o la desesperanza, y siguen creyendo que la luz no ha sido derrotada.

2. LA BONDAD que desarma
La paz nace de la bondad, y la bondad es profundamente desarmante. Quizá por eso Dios eligió hacerse niño. El misterio de la Encarnación nos revela a un Dios sin defensas, que se deja acoger, cuidar y amar. En el pesebre de Belén descubrimos que la paz no se impone por la fuerza, sino que se ofrece en la fragilidad.
Pensar en los niños, en los pequeños, en los frágiles, nos conmueve porque despierta lo mejor de nosotros. Allí donde el corazón se ablanda, la paz encuentra espacio. Comenzar el año desde esta mirada es elegir proteger la vida, cuidar lo vulnerable y dejar que la ternura transforme nuestras relaciones.

3. COMUNIDADES, FAMILIAS,  que sean casas de paz
La paz no se construye solo con acciones visibles, sino también con una espiritualidad profunda que sostenga el compromiso. Por eso, los creyentes estamos llamados a unir oración y acción, cultivando la oración, el diálo-go, el encuentro personal, ecuménico e interreligioso, y una escucha sincera entre culturas y tradiciones.

Cada comunidad cristiana está invitada a convertirse en una “casa de paz”: un lugar donde se desactiva la hostilidad, se practica la justicia y se preserva el perdón. En este nuevo año, estamos llamados a mostrar, con creatividad pastoral, que la paz no es una utopía, sino una posibilidad real cuando se vive desde el Evangelio.

4. MANTENER VIVA LA ESPERANZA en tiempos inciertos

Vivimos en un tiempo marcado por la desestabilización y los conflictos. Frente a la tentación del fatalismo, la fe nos invita a mantener viva la esperanza. El mal no es una fuerza anónima e inevitable; la historia sigue abierta a la responsabilidad humana y a la acción del Espíritu.
Comenzar el año 2026 con esperanza es apoyar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y social que promueva la paz. Es creer que cada gesto cuenta, que cada oración sostiene, que cada palabra reconciliadora tiene un peso real en la historia.

Oración final

Señor de la paz,al comenzar este nuevo año ponemos nuestra vida en tus manos.
Habita en nosotros con tu paz desarmada y desarmante.
Haznos artesanos de bondad, cuidadores de la fragilidad
y testigos de una esperanza que no se apaga.

Que nuestras familias y comunidades sean casas de pazy que, guiados por tu Espíritu,
sepamos resistir al mal sin dejarnos vencer por él.
Acompáñanos en este año 2026
para que vivamos, oremos y trabajemos
al servicio de la paz verdadera. Amén.

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV
PARA LA LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ-
1 DE ENERO DE 2026

“El Señor te bendiga y te proteja, 
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”
(Números 6, 24-26).

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Lectura orante del Evangelio: Mt 3,13-17

La persona humana, mediante el bautismo,
es introducida en la relación única y singular de Jesús con el Padre 
(Benedicto XVI)

José Antonio Nieto (España)

Vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
En el Jordán se le cambió la vida a Jesús; ¿dónde y cuándo se nos cambiará a nosotros? Acudió a bautizarse y se sintió habitado plenamente por el Espíritu. Una fuerza nueva le nació por dentro. A partir de ahí comenzó a anunciar la Buena Noticia de un Dios, amigo de todos. Si deseamos caminar con Jesús, si queremos ser discípulos misioneros del Evangelio en esta hora, necesitamos la experiencia transformadora del Espíritu. Con él, la vida bautismal puede ser vivida en su totalidad e integridad por todos (Beato María Eugenio). 

Ven Espíritu. Reanima en nosotros la llama del amor. Revitaliza nuestras fuerzas. Recrea nuestra comunión con todos los pueblos de la tierra.

Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
Jesús se presenta ante Juan humildemente. Se pone en nuestro lugar. El Espíritu es su grandeza y su alegría. Así continúa su estilo de vida encarnada, anonadada. Con gestos sencillos y palabras de verdad, se coloca abajo para servir y amar. Jesús viene a nosotros con el traje de siervo. Tendríamos que revivir el asombro de Juan: ¿Cómo es que tú, Jesús, acudes a nosotros, cuentas con nosotros, te igualas a nosotros, te acercas tanto?

Bautízanos, tú, Jesús, con el Espíritu Santo. Haznos descubrir la frescura original de tu Evangelio. Todo nuestro bien está en tu humanidad. Toda gracia nos viene de ti.

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
El Espíritu se posó sobre Jesús. En él ponemos nuestros ojos. No es lo mismo estar bautizados o no. Nuestra identidad más profunda nos la da el Espíritu. En nuestra interioridad, el Espíritu alienta, llena de amor. El Espíritu nos enseña a orar: Abba, Padre. Gracias al Espíritu, Jesús se manifiesta en nuestra humanidad. Lo que sucede en el bautismo es el comienzo de un proceso que abarca toda nuestra vida. Nos hace capaces de eternidad (Benedicto XVI).
Ven, Espíritu Santo. Pósate sobre nosotros. Úngenos con la alegría.   

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Hijo, amado, predilecto. Estas son las palabras que Jesús escucha del Padre. Y como Jesús viene a comunicarnos todo lo que el Padre le ha dicho, también nosotros somos, en él, hijos, amados, predilectos, hermanos de los pobres y de los últimos. Nos sostiene el regazo amoroso del Padre. Lo que Dios quiere del hombre es una relación papá-hijo, acariciarlo, y le dice: yo estoy contigo (Papa Francisco). Esta es nuestra verdad más profunda, imborrable. Llevamos su rostro dibujado en nuestro corazón. ¡Ya podemos pasar por esta vida, como él, haciendo el bien!
Vivimos el bautismo como el más bello y sublime de tus dones, hacemos presente tu misterio de amor en la historia de cada día, emprendemos, junto a Jesús, caminos de Evangelio, ponemos en el centro a los que están en los márgenes, vivimos en comunión con la Iglesia. ¡Gloria a ti, Señor! 

¡Feliz Navidad!. Un abrazo. Antón

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EVANGELIO DÍA A DÍA

Domingo 12 de enero 
“Venid conmigo” (Mc 1,17)
Comienza el tiempo ordinario, el tiempo de volver al camino de todos los días. Jesús te invita a caminar con Él, a vivir con Él. No te quedes solo/a. Ir con Jesús es llevar una nueva luz en los ojos para mirar las cosas como las mira Él. Ir con Jesús es dejarte guiar por el viento del Espíritu y dejar que brote en tu interior la ternura. Ir con Jesús es participar en su Proyecto del Reino, es amar sin límites.
Deseo entrar en tu intimidad, Jesús. Participar de tus sentimientos. Aprender a decir contigo: Abba-Padre.

Martes, 13 de enero
“¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad” (Mc 1,27)
El estilo de vida de Jesús suscita preguntas. Hay en Él una novedad que rompe los esquemas preestablecidos y cuestiona las conciencias. La fuente de la novedad de Jesús está en el Espíritu, que susurra en los corazones la frescura del Proyecto de Dios. Deja que la pregunta acerca de Jesús te acompañe durante este día y te lleve a actitudes de confianza y alegría. Busca con sinceridad al Señor, que siempre te invita a lo nuevo, y deja que brote la paz y la bondad hacia todos los que te rodean.
Camino con las preguntas que me nacen de la vida al encuentro de Jesús. Estreno cada día la novedad del amor.

Miércoles, 14 de enero
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido» (Mc 1, 38)
Jesús sale a todo lugar donde haya hombres y mujeres, donde haya historias que sanar, corazones en los que dibujar el gozo de saberse amados. Jesús va al encuentro de todos los pequeños, estén donde estén, para que puedan alcanzar la libertad y la dignidad.  Si decides seguir a Jesús, tendrás que aprender los caminos de la universalidad, hacer tuyas las voces y llantos que hasta ayer sólo pertenecían a los otros. Cruzar toda frontera ligero/a de equipaje, como hacen los pájaros, como hacen las nubes. Si decides seguir a Jesús, tendrás que anunciar a todos los que encuentres por los caminos el evangelio de la bondad y de la ternura de Dios.
Quiero ir contigo, Jesús, para anunciar el evangelio de la bondad y de la ternura de Dios.

Jueves, 15 de enero   
«Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio» (Mc 1,40-41)

Jesús se estremece ante la oración de un excluido. Se conmueve y se indigna de que la ley margine, y además en nombre de Dios. Jesús quebranta la ley al tocar al leproso y le dice palabras entrañables. Que el Espíritu Santo ilumine tu camino hacia la verdad; trabaja por un mundo de paz y de justicia. No excluyas, ni margines a nadie de tu amor. Vive de tal manera que te sea posible el diálogo con todos los que están en las orillas del mundo.
En silencio y en verdad ante Dios, acojo lo que el Espíritu susurra en mi interior: las palabras y los gestos de amor hacia los marginados.

Viernes, 16 de enero
Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Mc 2,5).
Jesús se encuentra cara a cara con el paralítico. Cuatro personas han quitado obstáculos para que se produjera el encuentro. A Jesús le gusta la fe de los que ayudan a otros a superar todas las barreras que impiden la comunicación. Jesús actúa, como ve que actúa el Padre de los cielos, y de sus labios salen palabras de perdón. Las gentes, acostumbradas a escuchar el lenguaje de la culpa que pasa de unos a otros, escuchan con agrado este lenguaje desconocido del perdón. Jesús invita a todo paralítico a la libertad, a caminar sin muletas, a sacar la palabra propia que Dios ha puesto en cada corazón. Por donde Jesús pasa florece la vida y crece la esperanza.

Me abro a tu perdón, Jesús. Deseo aprender a perdonarme y a curarme para que no me duela nunca perdonar a los demás. “El amor no lleva cuenta del mal, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Cor 13).

Sábado, 17 enero
“Muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían” (Mc 2,15).
¡Cómo busca Jesús el encuentro, la comunión, la comida compartida! Se sienta a comer con los descreídos y su gesto provoca y altera. Leví, un excluido de Israel maltratado por las asperezas del camino, es acogido y confortado por la comprensión y el amor de Jesús. Desde entonces el gesto cristiano básico para entrar en comunión con Dios es una comida compartida por todos los creyentes, con presencia de pobres y marginados. Esa es la mejor memoria de Jesús.

Desea en el silencio del corazón el encuentro con Dios. Déjate amar por El. Siéntate a la mesa, como uno más, sin creerte mejor que los demás.