Comentarios de Evangelio

22 de Mayo de 2022
VI Domingo de Pascua - Ciclo C
(Ac 15, 1-2.22-29; Ap 21, 10-14.22-23; Jn 14, 23-29)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Avril (Ciclo C)

3 de Abril - V Domingo de Cuaresma

10 de Abril- Domingo de Ramos

17 de Abril- Pascua de Resurrección

24 de Abril- II domingo de Pascua

Mayo (Ciclo C)

.
1 de Mayo - III Domingo de Pascua

8 de Mayo- IV Domingo de Pascua

15 de Mayo- V Domingo de Pascua

22 de Mayo- VI Domingo de Pascua

29 de Mayo - VII Domingo de Pascua

Ciclo C

PIEDRAS VIVAS

PIEDRAS VIVAS, PIEDRAS VIVAS
CONSTRUIMOS LA COMUNIDAD.
PIEDRAS VIVAS, PIEDRAS VIVAS:
JESUCRISTO ES LA PIEDRA ANGULAR.

Puso Jesús la levadura
que fermenta esta masa.
Es nuestra fuerza la ternura:
el Amor todo lo alcanza
si es servicio a los demás.

Ya cada adulto, cada niño,
cada joven, cada anciano
son sarmientos de la Vid.
Ya se levanta un Templo Vivo,
enlazando nuestras manos,
en la entrega, al decir “Sí”.

Ya cada niño, cada adulto,
cada anciano, cada joven
somos sal y somos luz:
El Evangelio en cada grupo,
la atención a los más pobres…
Cada cual tome su cruz.

De la 1ª Carta de San Pedro: 2, 4-7.
Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Por eso se dice en la Escritura: Mira, pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado. Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular,

Un abrazo, mi oración y mucha salud.
Un abrazo.  Antón

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

22 de Mayo

Gracias, Señor, porque tu paz es signo
de tu presencia entre nosotros.
Paz en el corazón, paz en las manos,
paz en las palabras pronunciadas.
En media de un mundo
tan marcado por la violencia,
es quizás el mejor testimonio
que podemos dar los creyentes.
Nos sabemos hijos tuyos,
sabemos que tu eres nuestro Padre
y, desde esa convicción,

.

nos sentimos todos hermanos.
Gracias porque tu paso por este mundo
ha dejado huella de bien,
de misericordia y de acogida incondicional.
Gracias porque la paz, tu paz
es un don del alma que tu nos regalas
y que se alimenta de tu palabra
escuchada en una intimidad
que es silencio y contemplación
de tu manera de hacer y estar con todos,
que nos mueve a amar con tu paz a los demás.

http://www.cipecar.org/

Lectura orante del Evangelio: Juan 14,23-29

¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, desciende sobre mí
para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo!
Que yo sea para Él una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio (Santa Isabel de la Trinidad).

José Antonio Nieto (España)

El que me ama guardará mi palabra’.
Estas palabras las pronuncia Jesús en la Última Cena, donde ocurren tantas cosas importantes y donde se nos recuerda qué es lo fundamental para seguir siendo fieles al mensaje de Jesús. En la Pascua ponemos los ojos en María, la mujer en la que ha resucitado el Amor. Ella nos enseña a guardar en el corazón la Palabra de Jesús. Guardar la Palabra, amar Jesús y dejarnos guiar por el Espíritu es lo mismo. Cada mañana abrimos el oído para escuchar a Jesús: palabra de amor del Padre que no se agota nunca. Es lo primero que hacemos: llenarnos de vida, permitir que el amor de Jesús se siembre en nuestro surco y, así, caminar con la Palabra dentro. Los orantes llevamos siempre la Palabra de Jesús en el corazón. Espíritu Santo, guarda la Palabra en nuestra interioridad.  

‘Y mi Padre lo amará’.
María es la mujer que se sabe mirada por el Padre; en ese encuentro amoroso está su dignidad. Con María aprendemos a orar, que es dejarnos mirar por la ternura entrañable del Padre. Nuestra vida, tan zarandeada y tan frágil, encuentra asiento en la relación de amor que el Padre mantiene con nosotros. El amor hace a Dios cercano a nuestra vida. El Espíritu Santo nos quita el miedo a amar y a ser amados. El Espíritu nos enseña a ver en la humanidad la presencia amorosa de Dios, a estrenar una mirada tolerante como la que tenían las primeras comunidades cristianas. Espíritu Santo, enciende en nosotros la llama del Amor. 

S‘Y vendremos a él y haremos morada en él’.
María experimenta la compañía amorosa de la Trinidad; su vida es un espacio habitado por el Misterio; vive a Dios dentro. Los Tres: presencia que vence toda ausencia, inhabitación que rompe lejanías, relación mutua, milagro de vida. La Trinidad es la respuesta a la

soledad que pesa sobre todo ser humano. Los Tres cercanos, sin irse nunca de nosotros, esperando el encuentro. Pase lo que pase, ellos están siempre. La revolución más apasionante es la que ocurre en el corazón humano habitado por la Trinidad. Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse Dios. Amarte, oh santa Trinidad. ¡Qué gran suerte! En ese amor se recrea la vida.  

‘El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo’.
Acoger a María es acoger al Espíritu Santo, el que enseña todo acerca de Jesús y mantiene vivo su recuerdo en la humanidad. El Espíritu es la memoria viva de Jesús, completa lo que Jesús comenzó. El Espíritu nos recuerda al oído lo que nos hace falta. El Espíritu está en los que siguen y aman a Jesús; siembra claridades en la noche, canta canciones nuevas cuando todo parece terminar; ora en nosotros, nos hace testigos de misericordia, abre espacios a la nueva humanidad. El Espíritu anima para siempre nuestra vida. Confiar en el Espíritu es confiar en el ser humano. Espíritu Santo eres único, irrepetible, sabiduría, amor.   

‘Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde’.
Jesús se despide con el don de la paz. Puede más su fidelidad que nuestras dudas, tensiones, zozobras, miedos. Podremos vivir aquí lo que él vivió porque el Espíritu caminará con nosotros. Es hora de atrevernos; Jesús sigue a nuestro lado, no sentiremos su ausencia. Nada hay hoy más responsable ni más lúcido que creer en él y actuar en coherencia con el Evangelio de la compasión y misericordia. María es fuente de vida, dulzura y esperanza para el camino. Sentimos tu paz, Jesús, tu fortaleza.

¡Feliz Pascua de Resurrección!.
Un abrazo, mucha salud y mi oración. Antón

http://www.cipecar.org/

EVANGELIO ORADO

Lunes, 16 de mayo
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él… El Espíritu Santo será quien os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14, 23.26)
Jesús revela que somos morada de Dios. Cada persona, de la raza, cultura, religión que sea, es santuario de Dios. Cada ser humano, también los más orillados, es lugar de Dios. Conocer esta verdad es la fuente de nuestra mayor autoestima y el estímulo mayor para trabajar por la dignidad de toda persona. Vive este día como una oportunidad que Dios te ofrece de responder a su amor.
Sopla sobre mis brasas, Espíritu de amor, que no quiero que se me apague el amor en los adentros.

Martes, 17 de mayo
«La paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14, 27)
El odio ha llevado a Jesús a la muerte, pero no se ha adueñado de su corazón. Presiente el momento final; tiene a sus amigos delante. Les habla desde el corazón y desde la experiencia que tiene del amor del Padre. Envueltas por una fuerza y emoción extraordinarias, sus palabras son de paz, de ánimo. Es la paz lo que deja como regalo a los suyos. Pregúntate hoy se dejas una semilla de paz en los que te rodean
Cada mañana abriré mi ventana a tu paz, Señor. Y cuando en la noche el ruido de la violencia llame a mi puerta, también abriré mi corazón a tu paz.

Miércoles, 18 de mayo
«Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante» (Jn 15,8)
La gloria del Padre consiste en que todos vivamos en plenitud, pero la violencia de unos contra otros oscurece su rostro. Cuando los discípulos de Jesús dan fruto alegran el corazón del Padre, cuando son lugares de comunión hacen brotar una sonrisa en los ojos del Padre, cuando ven a cada persona como un don dan gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Alégrate con las personas que viven cerca de ti. Gózate con sus éxitos.
También hoy soñaré con la nueva humanidad, Señor. También hoy pondré mis manos en la tarea.

Jueves, 19 de mayo
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor… Que mi alegría esté en vosotros» (Jn 15, 9.11)
Dios es alegre y quiere compartir con todos la danza de su corazón. Jesús es la gratuidad total. Distribuye a manos llenas la verdad. Lo que recibe del Padre nos lo da. Nos entrega el Espíritu para que nuestra alegría llegue a plenitud. Busca hoy en el trato de amistad con Jesús la fuente de tu gozo y comparte el consuelo con los que están faltos de él.
¡Cómo será eso de llevar tu alegría en mi vida, de tener mi flauta llena de tu música! ¡Cómo será eso de ser caricia tuya para dar a todos los que están solos!

Viernes, 20 de mayo
«A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer… Esto os mando: que os améis unos a otros» (Jn 15,15.17)
Dios cada mañana siembra su amor en el mundo y cada tarde sale a ver lo que ha brotado en el campo. Jesús quiere ser un amigo. Se coloca en medio, pero no por encima, porque solo la igualdad y el afecto crean libertad. Su confianza es total: a sus amigos Jesús se lo ha comunicado todo. Que tu vida sea hoy como una fuente en la plaza del pueblo, para que quien tenga sed venga y beba.
Haz nacer el amor en mi corazón mientras duermo, Señor, y al despertar se lo regalaré a todos en tu nombre.

Sábado, 21 de mayo
«Yo os he escogido… Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,19. 20)
El que está unido a Jesús debe saber que puede correr su misma suerte. Jesús saca de la esclavitud y lleva a la libertad. Saca de la injusticia y lleva al amor solidario. Saca de la opresión y lleva al proyecto del Padre. Quien denuncia los criterios del mundo, se gana el odio del mundo. Busca algún signo de algún mártir o víctima de nuestros tiempos.
Siempre que me aleje, Seño, dame tu mano y ven conmigo.