Lunes 23 de febrero
«Señor, ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?» (Mt 25,38)
El Espíritu nos regala hermanos inesperados, nos enseña a unir la fe y el amor. La fe es el alma del amor. Ver a los últimos, estar con ellos, acogerlos, es estar con Jesús. No te acostumbres a esta palabra. Deja que te toquen los que están en los márgenes. En cada marginado al que acoges, Dios te visita con misericordia, te llena la casa de vida.
«Jesús, contigo y con los que vienen de fuera. Todos hermanos. ¡Qué apasionante tarea la de ser un corazón sin fronteras!»
Martes, 24 de febrero
«Vosotros orad así: Padre nuestro» (Mt 6,9)
Jesús pone en tus manos el mejor regalo: al Padre nuestro. Déjate sorprender por estas palabras. Entra a pie descalzo en ellas. Saboréalas. Repítelas despacio en este día. Cuando dices “Padre nuestro” estás nombrando con la misma intensidad cada uno de los lugares de la tierra donde más sufren los hombres y mujeres.
Ven, Espíritu. Enciende en nosotros el fuego de tu amor, enséñanos a decir con verdad: Abbá, Padre nuestro, Padre de todos, líbrame del orgullo de estar solo.
Miércoles, 25 de febrero
«Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación» (Lc 11,30)
Toda generación, también la nuestra, emite señales: de esperanza y de gozo, y de todo lo contrario. El movimiento migratorio de millones de seres humanos, buscando el pan para sus hijos, es una señal. La experiencia que tenemos en esta pandemia, de que nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes, personal sanitario y encargados de servicios básicos, es una señal. Todo lo que nos rodea está lleno de señales de Dios. Pero nuestros ojos están oscurecidos y no acertamos a percibir sus huellas en la creación.
Espíritu divino abre los ojos de la fe para caer en la cuenta de que Dios habita entre nosotros, nos acompaña en la vida y nos protege en nuestras dificulta- |
des. En él vivimos, nos movemos y existimos. “Sabemos que todo contribuye al bien de quienes aman a Dios” (Rm 8,28).
Jueves, 26 de febrero
“Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos” (Mt 7,12)
El proyecto de novedad que trae Jesús pasa por el trato a los demás. Cada persona es lugar de Dios. No se puede disociar el trato con Dios del trato con los demás. Ten presente a las personas que te rodean. Escoge una cada día. Pregúntate cómo quieres que ella te trate. Intenta poner en práctica la luz que encuentres.
Cuando me pongo en lugar de los otros, Tú liberas mi vida. Cuando te miro en los otros, me brotan gestos sencillos y palabras de verdad.
Viernes, 27 de febrero
«Vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (Mt 5,24)
La medida del perdón es perdonar sin medida. Con frecuencia resulta difícil perdonar. La paz, la fraternidad y la civilización de la verdad y el amor nacen solo del perdón. La paz comienza siempre por la reconciliación, y esta presupone el perdón.
Pacifica, Señor, nuestro corazón. Que sembremos semillas de paz.
Sábado, 28 de febrero
“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-45)
Cuando oras mirando a tus enemigos como Dios los mira, se te cambian los valores. Lo que nos hace buenos a los que seres humanos, es el cariño que Dios siembra cada día en nuestro jardín y el agua que cada día pone en nuestro pozo. Apúntate a esta apuesta atrevida de Jesús, es una salida para las crisis, una forma nueva de afrontar los conflictos.
Ama tú, Jesús, en nosotros a las personas que todavía no amamos. Haz salir el sol de tu amor sobre ellas. |