Comentarios de Evangelio

4 de enero de 2026
Epifania del Señor - A
(Is 60, 1-6; Ep 3, 2-3a.5-6; Mt 2, 1-12)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Diciembre (Ciclo A)

7 de diciembre - II Domingo de Adviento

14 de diciembre - III Domingo de Adviento

21 de diciembre - IV Domingo de Adviento

28 de diciembre - La santa Familia

Enero (Ciclo A)

4 de enero - Epifania del Señor

11 de enero - Bautismo del Señor

18 de enero - II Domingo del T.O.

25 de enero - III Domingo del T.O.

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

1 de enero

Dios y Padre de toda la humanidad,
que has enviado a tu Hijo Jesús
como Príncipe de la Paz, te suplicamos hoy por la paz
en este mundo que tanto amas.
Te pedimos por los países en guerra
y que pretenden resolver los conflictos
con la fuerza de las armas, sin dialogo,
y eliminando a los que consideran enemigos.
Te pedimos perdón por las desigualdades
que aun existen entre nosotros,
fruto del egoísmo de tantas personas,
y que son causa de graves conflictos.
Ayúdanos a superar las ambiciones de poder,
personales o políticas, que impiden
reconocer a los demás como hermanos
y conducen a verlos apenas como rivales.
No nos dejes caer en la tentación
de considerar nuestro modo de pensar
como el único bueno y aceptable,
sin saber reconocer el bien y la verdad
que hay en las demás personas y comunidades.
Jesús ha venido al mundo por María,
a quien llamamos Reina de la Paz
Ayúdanos, Padre, a saberla acoger
como nuestra maestra y educadora,
como lo fue para Jesús,
para que nos haga receptores y comunicadores
de tu amor y de tu paz.

4 de enero
Señor Jesucristo, celebrando tu Navidad
no podemos dejar de agradecer
porque has querido venir a nuestra casa
como Palabra o comunicador de Dios,
hecho carne humana y hermano nuestro.
Agradecer porque has querido ser la luz clara
que brilla en el mundo venciendo la oscuridad.
y porque con el Padre y el Espíritu
habéis preparado todo el universo pensando
en los que en él habitaríamos
a lo largo de todos los siglos, y pensando
en que tu serias nuestro compañero.
No podemos sino agradecer y acoger
todo cuanto nos ofreces, especialmente
poder ser, como tú, hijos del mismo Padre,

 

oyentes y acogedores de tu palabra
y testigos de tu luz.
Tan extraordinario don solo puede venir de Dios,
porque ninguno de nosotros es tan generoso.
No podemos sino agradecer, acoger y pedir
que cada uno de nosotros
y cada una de nuestras comunidades
seamos signos vivos del amor con que somos amados.
y dejarnos envolver y seducir por él.

6 de enero

Señor Jesús, te damos gracias
porque tu luz está presente en el mundo
y quienes la buscan pueden hallarla.
Te damos gracias porque nos permites
vivir confiados, sabiendo que
no estamos solos ni andamos a oscuras.
Nos preocupa ver, Señor Jesús,
que algunos se inquietan por tu luz
e incluso parece que les moleste.
Que esta no nos haga perder la paz
ni ponga nuestra fe en duda.
Te damos gracias y nos sentimos anima dos
por tantas personas que buscan aquella luz
que nos ayude a vivir con mas humanidad,
a respetarnos más entre nosotros
y a respetar el mundo que os confiaste.
Aquella luz que nos haga colaboradores tuyos
en la construcción de un mundo
sin privilegiados ni excluidos,
sin triunfadores orgullosos y egoístas
ni víctimas sin derechos ni dignidad.
Te pedimos, Señor Jesús,
que la luz de la fe nos haga creer
que otro mundo -como tú lo propones-
es posible y esta a nuestro alcance:
por esto te pusiste a nuestro lado.
Que la alegría de haberte encontrado,
como te encontraron los magos,
sea la fuerza que nos haga colaborar contigo
buscando tus caminos siempre nuevos,
viviendo mas evangélicamente,
formando familias y comunidades fraternas.

Ciclo A

COMENZAR EL AÑO 2026 EN CLAVE DE PAZ.

Una reflexión orante desde el CIPE a la luz del Mensaje del Papa León XIV
para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026

Al comenzar este nuevo año 2026, queremos situarnos ante Dios con un corazón abierto y disponible. Lo hacemos acogiendo el saludo pascual del Resucitado:
«La paz esté con todos ustedes», una paz que no se impone, sino que se ofrece; una paz desarmada y desarmante, capaz de habitar lo más profundo de la persona y de la historia.

1. LA PAZ que quiere habitar en nosotros
La paz no es solo una meta lejana ni un ideal abstracto. La paz existe, quiere vivir en nosotros, iluminar nuestra inteligencia y ensanchar nuestro corazón. Tiene una fuerza suave y persistente que resiste a la violencia y, silenciosamente, la vence. Mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. Esta paz tiene el aliento de lo eterno y nos ha sido confiada por el Resucitado.
Comenzar el año desde la paz es aceptar ser centinelas de la noche, personas que, incluso en medio de conflictos y sombras, se niegan a dejarse contaminar por el miedo o la desesperanza, y siguen creyendo que la luz no ha sido derrotada.

2. LA BONDAD que desarma
La paz nace de la bondad, y la bondad es profundamente desarmante. Quizá por eso Dios eligió hacerse niño. El misterio de la Encarnación nos revela a un Dios sin defensas, que se deja acoger, cuidar y amar. En el pesebre de Belén descubrimos que la paz no se impone por la fuerza, sino que se ofrece en la fragilidad.
Pensar en los niños, en los pequeños, en los frágiles, nos conmueve porque despierta lo mejor de nosotros. Allí donde el corazón se ablanda, la paz encuentra espacio. Comenzar el año desde esta mirada es elegir proteger la vida, cuidar lo vulnerable y dejar que la ternura transforme nuestras relaciones.

3. COMUNIDADES, FAMILIAS,  que sean casas de paz
La paz no se construye solo con acciones visibles, sino también con una espiritualidad profunda que sostenga el compromiso. Por eso, los creyentes estamos llamados a unir oración y acción, cultivando la oración, el diálo-go, el encuentro personal, ecuménico e interreligioso, y una escucha sincera entre culturas y tradiciones.

Cada comunidad cristiana está invitada a convertirse en una “casa de paz”: un lugar donde se desactiva la hostilidad, se practica la justicia y se preserva el perdón. En este nuevo año, estamos llamados a mostrar, con creatividad pastoral, que la paz no es una utopía, sino una posibilidad real cuando se vive desde el Evangelio.

4. MANTENER VIVA LA ESPERANZA en tiempos inciertos

Vivimos en un tiempo marcado por la desestabilización y los conflictos. Frente a la tentación del fatalismo, la fe nos invita a mantener viva la esperanza. El mal no es una fuerza anónima e inevitable; la historia sigue abierta a la responsabilidad humana y a la acción del Espíritu.
Comenzar el año 2026 con esperanza es apoyar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y social que promueva la paz. Es creer que cada gesto cuenta, que cada oración sostiene, que cada palabra reconciliadora tiene un peso real en la historia.

Oración final

Señor de la paz,al comenzar este nuevo año ponemos nuestra vida en tus manos.
Habita en nosotros con tu paz desarmada y desarmante.
Haznos artesanos de bondad, cuidadores de la fragilidad
y testigos de una esperanza que no se apaga.

Que nuestras familias y comunidades sean casas de pazy que, guiados por tu Espíritu,
sepamos resistir al mal sin dejarnos vencer por él.
Acompáñanos en este año 2026
para que vivamos, oremos y trabajemos
al servicio de la paz verdadera. Amén.

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV
PARA LA LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ-
1 DE ENERO DE 2026

“El Señor te bendiga y te proteja, 
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”
(Números 6, 24-26).

> > > http://www.cipecar.org/ < < <

Lectura orante del Evangelio: Mt 2, 1-12

)

José Antonio Nieto (España)

E

f

¡Feliz Navidad!, en familia.
Un abrazo. Antón

http://www.cipecar.org/

EVANGELIO DÍA A DÍA

Jueves, 25 de diciembre
LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14).
¡La Palabra de Dios se hizo Humanidad!. Hoy celebramos la Natividad del Señor, misterio de alegría y salvación: el Hijo eterno de Dios se hace niño y habita entre nosotros. La Navidad nos invita a abrir el corazón a la ternura de Dios, que se manifiesta en la sencillez de un pesebre y nos regala su paz. Que nuestras casas sean un Belén donde nazcan la fe, la esperanza, la alegría y la caridad.
Señor, quiero ser de los que te abren las puertas, de los que se alegran de tu presencia, de los que saltan de alegría porque estás conmigo. Mi casa es la tuya, mi corazón tu hogar.

Viernes 26 de diciembre
SAN ESTEBAN PROTOMÁRTIR
“Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros»(Mt 10, 19-20).
Quien quiera seguir a Jesús va a tener que vivir y sufrir lo que Él, el maestro, vivió. Nos pide confianza, y perseverancia. Confianza para para acoger que todo está bajo su mano. Perseverancia para caminar hasta la meta que siempre está al final del camino.
¡Qué fácil es cuando todo nos sonríe! Pero Señor, que difícil es permanecer cuando el fracaso llega a la vida, cuando el aplauso se convierte en crítica. Señor, que siga fiel a tu Evangelio.

Sábado 27 de diciembre
SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA
“El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» (Jn 20, 2-3).
Nos han robado al Señor. Le han quitado de tantos sitios, porque parece que estorbaba. Pero a Jesús nadie lo puede robar a no ser que uno mismo le cierre las puertas. Y está tan cerca de ti porque está dentro de ti. En tu interior. Ojalá seas tú de los que corren para descubrirle.
Que no te roben la alegría de ser hijo de Dios. Que nadie te robe la paz de saber que estás en sus manos de padre. Que nadie te robe la esperanza de que todo va a terminar bien, porque es Dios el que nos espera.

Domingo 28 de diciembre
LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel” (Mt 2,22).
José es un hombre excepcional. Atento, discreto, obediente. ha descubierto que su misión era la de cuidar de Jesús y ser obediente a los planes de Dios. Acoger a Jesús y llevarle es lo mejor que nos ha podido pasar y nuestra mejor misión, como José.
Levántate, y no te quedes en el lamento, siente la presencia amiga de un Dios cercano porque hay mucho que hacer y se te necesita. Levántate cada día y toma a Jesús en tu corazón y lleva ese regalo a donde vayas.

Lunes 29 de diciembre
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”, a quien has presentado ante todos los pueblos: “luz para alumbrar a las naciones” y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2, 29-32).
Descubrir a Jesús, conocerle, amarle, es una gran suerte que no podemos callar. Es el sentido ante tanto sin sentido, la salida ante tanta puerta cerrada, la vida ante tanta muerte. Ver a Jesús es cumplir nuestros sueños, porque lo que deseamos, lo que buscamos es la felicidad, y sólo Él puede dárnosla.
Te quiero acunar, como José y María en Belén, en aquel pesebre falto de todo y abundante en amor. Te quiero tener en mis brazos, como Simeón, para sentir que Dios es tan bueno que nos regala a su hijo y que aunque parece que tarda, siempre cumple sus promesas.

Martes 30 de diciembre
“Se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,40)
Jesús crece en un hogar sencillo, donde aprende la sabiduría del amor. Pidamos una fe constante que sostenga a los débiles, valore a los mayores y haga de cada hogar un lugar donde Dios habita.
Danos perseverancia en la oración, prontitud para servir y ojos para reconocer tu paso. Haz de nuestros hogares escuela de sabiduría, esperanza y caridad.

Miércoles 31 de diciembre
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió” (Jn 1,3).
Un año que se acaba y un año a punto de comenzar. En todo tiempo Jesús nos regala la vida en plenitud. Ser hijo de Dios es saber que somos de su familia y que estamos invitados a vivir con Él en su casa y que todo lo que es de Él, es nuestro. Ser hijo de Dios es vivir y poner en práctica lo que Dios es: Amor.
Has venido Señor a compartir nuestra vida, a recorrer nuestros caminos polvorientos. Has venido porque nos amas y para decirnos que ya nuca estamos solos. Como en Emaús, siempre te haces el encontradizo y nos calientas el corazón. ¡Gracias, Jesús!

Jueves 1 de enero
SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
«Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre… María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,16).
Guardar las cosas de Dios, meditarlas para descubrir poco a poco lo que Él nos va queriendo decir. Guardar las cosas es meterlas en tu corazón. Meditarlas, es buscar lo que Dios me está diciendo a través de ellas. Como María, guarda y medita lo que Dios te va diciendo, será el único camino para descubrir y reconocer el paso de Dios por tu vida.
Señor, en este nuevo año, me siento agraciado por tu presencia, y como María y como los pastores, después de adorarte quiero volver para dar gracias. Me siento bendecido y quiero ser agradecido: Gracias, Señor.

Viernes 2 de enero
“Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia” (Jn 1,26).
Como bautizado, como hijo de Dios, como sacerdote, profeta y rey, estoy llamado a gritar, aunque sea en el desierto. Soy y debo ser voz que grita, que anima, que prepara el camino para que Jesús pueda hacerse vida en los hermanos. Voz que hable de Dios.

Que no calle, Señor, que no me quede mudo, que sea valiente para hablar de ti, para llevarte en mi corazón y en mis labios, para decir que tú eres el sentido y la razón de mi vivir.

Sábado 3 de enero
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (Jn 1,33).
El cristiano, el discípulo de Cristo es el que ha visto y da testimonio de lo que ha visto. Pero se ve en la intimidad, en el encuentro profundo, en la escucha. Sin encuentro, sin intimidad, sin escucha no hay después verdadero testimonio. Debemos llenarnos para después compartir, experimentarle para después hablar de Él.
Me cuesta Señor, dar testimonio de ti. Me excuso en la prudencia, que al final es cobardía, en el miedo a no ser entendido, a ser rechazado. Te pido fuerza para vivir en profundidad y poder compartirte con el convencimiento de que tú y sólo Tú eres el Camino, la Verdad la Vida.

Domingo 4 de enero
“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14).
La encarnación es el centro de nuestra fe: Dios ha entrado en nuestra historia, se ha hecho cercano y transforma nuestra fragilidad en plenitud. Es Navidad cuando dejamos que Cristo “acampe” en nuestras rutinas, pensamientos y afectos, y cuando somos testigos de la Luz a través de una vida concreta de verdad y caridad.
Que tu Espíritu nos haga testigos humildes de la Luz, capaces de reconciliar, servir y bendecir.

Lunes 5 de enero
“Determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme” (Jn 1,43)
Sígueme. Una palabra llena de vida, que compromete toda la existencia, te deja pensando y te revitaliza. Así es Jesús, no te da al principio grandes explicaciones, simplemente, deja todo y vente conmigo. Si le sigues, si obedeces, si te pones en camino, si le das tiempo, irás descubriendo nuevos horizontes en tu vida y una fuente de agua viva en tu corazón.
Te haces Señor el encontradizo en mi vida, pasas por mi orilla y me miras con cariño, te fijas en mí, sin importante lo que soy y lo que me falta. Quieres contar conmigo y yo te digo: ¡Aquí estoy!

Martes 6 de enero
EPIFANÍA DEL SEÑOR
“Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (Mt 2, 2).
La Palabra se hace Luz para encender hogueras de amor en los corazones y alumbrar los caminos de los pueblos. Encontrarnos con la Luz nos transforma. Encontrarnos con la Verdad, nos hace libres. Encontrarnos con el Camino, nos hace dejar otros que no van a ningún un sitio. El encuentro con Jesús nos hace nuevos, nos hace distintos. Después de ver a Jesús, la vida se vuelve compromiso.
No siempre la luz es visible, no lo es. No siempre los caminos son llanos, no lo son. Sin embargo, sigue habiendo luces, que me llevan a ti, caminos en los que te encuentro, Y te ofrezco todo lo que soy y tengo. Y después de encontrarte, me vuelo a la vida, lleno de paz.

Miércoles 7 de enero
“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 4,17-18).
La conversión es una mirada del Señor que nos hace buenos. Es una invitación a volvernos a Él. Vivir como Jesús, pensar como Jesús, sentir como Jesús y sobre todo actuar como él. Es hacer de Dios el centro de la vida, y vivir en consecuencia. Pedimos y confiamos en la ayuda que Él mismo nos da. Basta ponernos en camino.
En ti, Jesús, pongo mis ojos. Como la tierra, endurecida por el hielo, espera humilde que venga a ella el sol, así espero cada día que venga tu Reino.

Jueves 8 de enero
“Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces” (Mc 6,44).
El milagro de los panes muestra la compasión de Jesús, que transforma lo poco en abundancia cuando se pone en sus manos. Lo esencial no es la cantidad, sino la confianza y el amor que comparte, aunque sea poco.
Espíritu Santo, haznos instrumento de esperanza, consuelo para el que sufre, y alegría para quien se siente solo. Que nuestra comunidad sea mesa abierta de tu amor.

Viernes 9 de enero
“«Animo, soy yo, no tengáis miedo». Entró en la barca con ellos y amainó el viento” (Mc 6,51).
Es en las noches más duras donde la fe se fortalece, cuando aprendemos a reconocer la presencia de Jesús que camina sobre nuestras aguas agitadas. Jesús no siempre elimina las tormentas, pero nos asegura su compañía: su palabra nos calma, su mano nos sostiene y su presencia nos salva”
Cuando el viento sea fuerte y la fe parezca débil, recuérdanos tu palabra: “No tengáis miedo, soy Yo”.

Sábado 10 de enero
“Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan” (Lc 4, 14-15).
La vida es de Jesús es la Buena Noticia hecha realidad, que alcanza a los pobres y a los que sufren. A nosotros nos invita a dejar que su Espíritu nos unja para mirar con compasión, curar con cercanía y anunciar con valentía.
Señor Jesús, unge nuestro corazón con tu Espíritu. Haznos testimonio de amor para los pobres, consuelo para los heridos y libertad para quienes viven atados.

Domingo 11 de enero
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
“Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,16-17).  
Dios Padre nos dice el día de nuestro bautismo que somos hijos suyos. Ningún otro título, carrera o máster se iguala a este. Saber que soy hijo de Dios y que Dios es mi padre, me hace vivir con una inmensa alegría y paz aún en medio de las vicisitudes de la vida. Todo está controlado por el padre y yo estoy en sus manos. Nada malo definitivo va a ocurrirme. Y por eso descanso en Él. Y todo lo demás vendrá por añadidura.

Gracias, Señor, porque no te cansas de venir, de bendecir, de llamarnos, no te cansas de esperar. Gracias, porque vienes y permaneces. Señor, cuenta conmigo, así el camino, se hace más llevadero.